Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

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Brecha de género en STEM

Hoy, 11 de febrero, queremos hablar del papel fundamental de las mujeres en la generación de conocimiento, la innovación y la construcción de un futuro más sostenible.

La participación de mujeres y niñas en la ciencia es un elemento clave para el desarrollo sostenible, la innovación y la equidad social. Garantizar su presencia no solo responde a un principio de justicia e igualdad de derechos, sino que amplía la base de talento disponible y enriquece la producción científica con perspectivas diversas. La evidencia muestra que los equipos diversos generan soluciones más completas y eficaces, especialmente frente a desafíos globales como el cambio climático, la salud pública o la transformación digital. Por ello, una ciencia inclusiva es también una ciencia más relevante y beneficiosa para el conjunto de la sociedad.

Sin embargo, persiste una brecha de género significativa en los ámbitos científicos y tecnológicos. Las mujeres continúan estando subrepresentadas en la investigación, especialmente en áreas STEM, debido a factores estructurales como estereotipos de género arraigados desde edades tempranas, menor acceso a recursos, financiamiento y posiciones de liderazgo, así como entornos laborales poco inclusivos. A ello se suma la falta de referentes visibles que inspiren a nuevas generaciones. Abordar estas barreras requiere políticas públicas, educativas e institucionales que promuevan la igualdad de oportunidades y garanticen la participación plena y efectiva de mujeres y niñas en todos los niveles de la ciencia.

Agostina Censi y la ciencia

Con motivo de este día, compartimos una mini entrevista con Agostina Censi, donde reflexiona sobre su camino en la ciencia, los retos del sector y los mensajes que merecen escuchar las niñas y jóvenes con inquietud científica, hoy y todos los días. 

Agostina Censi se incorporó al equipo d Biyiud recientemente como gestora de operaciones y sostenibilidad. Es Ingeniera Ambiental, egresada de la Universidad Católica Argentina y cuenta con más de 5 años de trayectoria en temáticas vinculadas al cambio climático y la gestión ambiental. Sus primeras experiencias profesionales fueron en el ámbito académico, como docente adscripta de la Cátedra de Residuos Sólidos Urbanos de su propia Universidad y como voluntaria en programas de educación socioambiental, donde consolidó su vocación por la divulgación y la sostenibilidad. 

Su recorrido continuó en la Red Argentina de Municipios frente al Cambio Climático (RAMCC), articulando políticas públicas en el marco del Proyecto de Empleos Verdes Locales, financiado por la Unión Europea. Posteriormente, desde hace más de tres años, Agostina desarrolla su carrera en el sector de la consultoría, donde trabaja en proyectos de gestión de emisiones de carbono y estrategias de economía circular aplicadas a la gestión de residuos. 

Cuando eras niña, ¿te imaginabas trabajando en ciencia?

Desde muy chica, mi papá me enseñó a mirar la naturaleza con curiosidad y respeto. Crecí rodeada de ese impulso por explorar, tocar la tierra y comprender la vida que nos rodea. Esa conexión temprana fue moldeando en mí una sensibilidad especial hacia los otros seres vivos y una conciencia profunda sobre la necesidad de cuidar lo que tenemos.

No sé si de niña imaginaba “trabajar en ciencia” como tal, pero sí sabía que quería dedicarme a proteger nuestro entorno y a encontrar formas más empáticas de habitar el planeta. Con el tiempo entendí que la ciencia era el camino para transformar esa inquietud en soluciones concretas. Hoy, desde ese mismo lugar de sensibilidad que me acompañó desde pequeña, trabajo para aportar respuestas a los desafíos ambientales que enfrentamos.

¿Te has sentido alguna vez fuera de lugar? ¿Qué te ayudó a seguir?

Sí, más de una vez me sentí fuera de lugar, especialmente al comienzo de mi recorrido profesional. Cuando empecé a trabajar con municipios, instituciones y equipos técnicos, me encontraba frente a proyectos complejos y decisiones que parecían demasiado grandes para mí. Era un pensamiento recurrente, que sentía que todavía no sabía lo suficiente o que no tenía todas las respuestas. 

Lo que me ayudó a seguir fue entender que esos sentimientos son parte natural del crecimiento. Aprendí a apoyarme en el trabajo en equipo, a pedir ayuda cuando la necesitaba y a confiar en el proceso de aprendizaje continuo. Y, sobre todo, me sostuvo recordar por qué había elegido este camino: la convicción profunda de aportar soluciones a los desafíos ambientales. Cada vez que volvía a ese propósito, el miedo se hacía más pequeño y la vocación más grande.

¿Qué es lo que más te motiva de aplicar la ciencia a problemas reales?

Lo que más me motiva de aplicar la ciencia a problemas reales es la posibilidad de transformar el conocimiento en impacto concreto. La ciencia me permite comprender los desafíos ambientales que enfrentamos, pero lo que realmente me impulsa es poder traducir ese conocimiento en soluciones que mejoren la vida de las personas y la salud de los ecosistemas.

Me inspira saber que detrás de cada dato, cada medición y cada análisis hay una oportunidad de generar cambios tangibles: reducir emisiones, diseñar políticas más efectivas, acompañar a comunidades o instituciones en la transición hacia modelos más sostenibles. Aplicar la ciencia a la realidad es, para mí, una forma de unir la vocación con la acción, de convertir la preocupación en propuestas y la sensibilidad en herramientas que pueden marcar una diferencia.

¿Qué te hace sentir orgullosa de tu trabajo hoy?

Siento orgullo de poder dedicarme a algo que tiene impacto real y que contribuye, aunque sea en pequeñas partes, a construir un futuro más consciente. La verdad es que haber encontrado un lugar donde mi mirada y mis habilidades realmente aporten es muy alentador. 

¿Por qué crees que es importante que haya más mujeres en ciencia y tecnología?

Creo que es fundamental que haya más mujeres en ciencia y tecnología porque su presencia contribuye a romper estereotipos que todavía influyen en las vocaciones desde edades muy tempranas. Cuando las mujeres ocupan y visibilizan estos espacios, amplían el horizonte de posibilidades para las niñas, que pueden verse reflejadas y sentirse habilitadas a imaginar un futuro en las carreras STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics).   

Además, la diversidad de miradas es clave para la innovación. Las mujeres aportan perspectivas, experiencias y formas de pensar que enriquecen los procesos científicos y tecnológicos. Cuantas más voces diversas participen, más completas, creativas y representativas serán las soluciones que construyamos.

Si una niña duda porque “no es lo suficientemente buena en mates”, ¿qué le dirías?

Le diría que las matemáticas no definen su valor ni su potencial, y mucho menos su posibilidad de dedicarse a la ciencia. La ciencia necesita mentes curiosas, sensibles, creativas y comprometidas, no solo buenas notas. También le contaría que muchas habilidades que parecen “blandas”, como la empatía, la sensibilidad o la capacidad de escuchar, son esenciales para resolver los desafíos reales del mundo y que, en mi experiencia, fueron tan importantes como cualquier fórmula. 

Sobre todo, le diría que todo se aprende, se practica y se mejora. Lo único que realmente importa es el deseo de entender el mundo y de aportar algo valioso.

Seguimos apostando por equipos diversos, por el talento con propósito y por una ciencia que transforme la realidad. ¡Bienvenida a Biyiud, Agostina!

Referencias:

https://www.un.org/es/observances/women-and-girls-in-science-day